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Opinión - julio 16, 2019

Keny fue asesinada a balazos en su vivienda, su esposo es el principal sospechoso

Foto EDH/ Francisco Campos

Según la Policía, el compañero de vida de Keny Larios intentó suicidarse después de haber disparado contra su pareja.

Keny Guadalupe Larios de Maravilla, de 37 años de edad, habría sido asesinada a balazos por su esposo, identificado como Juan Francisco Maravilla, de 35 años de edad. El hecho ocurrió en el cantón Platanillo, de Quezaltepeque en La Libertad.

Según la información revelada por las autoridades, después de una fuerte discusión que tuvo la pareja, Maravilla sacó su arma de fuego y le disparó a Keny.

Luego de cometer el crimen, Maravilla huyó de la escena, pero para entonces las autoridades ya habían sido alertadas del hecho y se dirigieron al lugar. Al verse acorralado por agentes de la Policía, el sujeto intentó suicidarse disparándose en la cabeza con la misma arma con la que asesinó a su pareja, pero no lo logró.

Lesionado de bala pero aún con vida, Maravilla fue trasladado a un centro médico donde ahora recibe atención médica bajo custodia policial, mientras las autoridades correspondientes investigan el caso.

Un feminicidio más

Mientras Keny era asesinada por su pareja, el fiscal general, Raúl Melara, hablaba sobre los esfuerzos que esa institución hace por castigar a quienes atentan contra la vida y la libertad sexual de mujeres. Explicó a los diputados de la Comisión de la Mujer y Equidad de Género que entre el 2018 y lo que va de 2019, la Fiscalía General de la República (FGR) ha registrado 736 delitos de violencia feminicida, expresión que engloba a los feminicidios, feminicidios agravados, feminicidios en grado de tentativa y homicidios, agravados o en grado de tentativa (intento).

Sin embargo, la diputada Dina Argueta, de la fracción del FMLN, le externó su preocupación al fiscal general de que de esos 736, únicamente en 242 los responsables fueron condenados judicialmente.

154 casos absueltos

De acuerdo con Argueta, si bien los 242 casos con condenas es un buen resultado, también es preocupante que en 154 casos, los acusados hayan sido absueltos.

En suma, según los datos aportados por Argueta quien dijo que estaban en la memoria de labores de la Fiscalía, recién presentada ante la Asamblea Legislativa, de los 736 casos de violencia feminicida, la mayoría, 494 casos, han quedado en la impunidad.

El fiscal Melara dijo que se están haciendo esfuerzos por presentar casos bien fundamentados pero también explicó que los recursos son pocos, que solo hay 700 fiscales para 150 casos activos, es decir, en investigación.

Fue un “feminicidio pasional”, dice Bukele

Nayib Bukele, presidente de la República, en una conferencia de prensa catalogó el feminicidio de Keny como “un feminicidio pasional”, sin embargo, este término está mal ampliado según una campaña ejecutada por el Instituto Salvadoreño para el Desarrollo de la Mujer (ISDEMU).

La campaña llevaba por nombre “Decálogo para la cobertura de sucesos de violencia contra las mujeres”, y en éste condenaba el uso de los términos “crímenes pasionales” y “violencia doméstica”.

“No referirse a los feminicidios como ‘crímenes pasionales’ o ‘violencia doméstica’. El feminicidio es la expresión más brutal de odio contra las mujeres y es el resultado de un continuo de violencia que causa daños psicológicos, físicos y emocionales. Los feminicidios no son ‘crímenes pasionales’, tampoco son producto de la ‘violencia doméstica’”, se lee en el documento difundido por el ISDEMU.

También, desde el enfoque de género y victimológico planteado por Ricardo Sosa, experto en seguridad y crominólogo, estos términos denotan revictimización a la mujer y justificación del crimen.

Los feminicidios son asesinatos de mujer por su condición de ser mujer y que tienen a la base el odio y menosprecio. Ningún hombre asesina a una mujer por celos, no hay justificación alguna, no es adecuado bajar la gravedad del crimen contra una mujer y en cierta medida justificar la expresión máxima del machismo en El Salvador”, argumentó Sosa.

“En El Salvador es frecuente tratar de bajar el volumen a los feminicidios utilizando palabras suaves o jerga jurídica que justifica la acción machista y de odio hacia la mujer; cuando no se denomina al asesinato de una mujer por odio y menosprecio como feminicidio se revictimiza a la víctima”, concluyó.

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